Hace algún tiempo, al ver la película "el amor en los tiempos del cólera", se me quedó grabado el estribillo de una canción que dice:
"Cuando alguien se va, el que se queda sufre más"
Me he repetido incontables veces que ella ya está en un lugar mejor, que ya no siente más dolor, que se la está pasando chingón en el paraíso de coca colas bien heladas que le construí.
Los que quedamos somos los jodidos.
Los que sentimos este horrible dolor en el pecho que se extiende como una ráfaga por todo el cuerpo hasta brotar incontenible en forma de lágrimas.
Los que extrañaremos esos ojitos bellos que se abrieron
por última vez para decir un adiós inesperado.
Los que añoraremos la calidez de sus abrazos, el eco de su risa, la dulzura de sus palabras.
Los que solo esperan que el tiempo logre aminorar esta pinche tristeza que cala los huesos.
Ella se ha ido y yo tengo que aprender a vivir sin ella.
Porque la inmortalidad solo existe en la mente y en el corazón de los que se quedan.
***
Mi abuela me heredó -entre otras cosas- su gran, GRAN sentido del humor.
De ella aprendí a no dejar que la "adultez" me consuma,
a seguir siendo una niña traviesa,
a nunca perder la capacidad de asombro.
En su honor, este post no contendrá más lágrimas,
tan solo chistes, para que ella ría otra vez en mi recuerdo.
Te amo, Ana.
Gracias a todos, por compartir sus risas conmigo.
"Cuando alguien se va, el que se queda sufre más"
Me he repetido incontables veces que ella ya está en un lugar mejor, que ya no siente más dolor, que se la está pasando chingón en el paraíso de coca colas bien heladas que le construí.
Los que quedamos somos los jodidos.
Los que sentimos este horrible dolor en el pecho que se extiende como una ráfaga por todo el cuerpo hasta brotar incontenible en forma de lágrimas.
Los que extrañaremos esos ojitos bellos que se abrieron
por última vez para decir un adiós inesperado.
Los que añoraremos la calidez de sus abrazos, el eco de su risa, la dulzura de sus palabras.
Los que solo esperan que el tiempo logre aminorar esta pinche tristeza que cala los huesos.
Ella se ha ido y yo tengo que aprender a vivir sin ella.
Porque la inmortalidad solo existe en la mente y en el corazón de los que se quedan.
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Mi abuela me heredó -entre otras cosas- su gran, GRAN sentido del humor.
De ella aprendí a no dejar que la "adultez" me consuma,
a seguir siendo una niña traviesa,
a nunca perder la capacidad de asombro.
En su honor, este post no contendrá más lágrimas,
tan solo chistes, para que ella ría otra vez en mi recuerdo.
Te amo, Ana.
Gracias a todos, por compartir sus risas conmigo.